No es nada sorprendente, al menos para quienes aún no han tercerizado su pensamiento, que administrar la economía familiar, tiene pocos puntos de contacto con administrar la economía de una empresa, y que administrar una empresa muy pocos puntos de contacto, con administrar un país.
La economía familiar está acotada a los ingresos que los integrantes de esa familia aporten. "Son de ahi y no se estiran" como solemos decir al compañero jugando al truco. El objeto de la economía familiar se agota en lo que intrínsecamente sería el bienestar de sus integrantes.
Cuando intentamos aplicar esos conceptos a una empresa, nos encontramos con una diferencia fundamental en los objetivos, ya que las Empresas pertenecen a empresarios cuyo objeto es la acumulación de la mayor cantidad de capital en el menor tiempo posible. A esos efectos, quienes son llamados a conducirlas, son cuidadosamente entrenados para cumplir esos objetivos fundamentales sin importar ninguna otra consideración.
La administración pública tiene a priori objetivos diferentes. Pero la diferencia fundamental reside en que no tiene por objeto dar ganancias. Si no fuera así, no habría Policía, Bomberos, Escuelas; por solo tomar tres instituciones que trabajan a pura pérdida, si nos guiamos por sus resultados estrictamente económicos.
Y aquí es donde entra a jugar un factor para el cual los gerentes y CEOS no están preparados ni entrenados, que es la política. No los culpo específicamente: eligieron ser eso, y se prepararon para algo distinto. Y cuando quieren aplicar sus conocimientos a lo que desconocen, empiezan a volar a ciegas. Y lo peor, pretenden acomodar la realidad a sus acotados conocimientos. Así terminan confundiendo contabilidad que es lo suyo, con Economía.
Que por mas que el sistema comunicacional que los sustenta y retroalimenta, haya machacado por años con que son lo mismo, NO son lo mismo.
De yapa , en las cosas de la Administración Pública, interviene otro factor sobre el cual son profundamente ignorantes, como por ejemplo, la Democracia, por la cual el Administrador Público debe dar diariamente explicaciones a quienes le han confiado el cargo, de los como y de los porqué de cada una de sus decisiones. También debe ejecutar leyes que emanan de otro poder, que se rige por otras lógicas, cosa para la que tampoco tiene la mas mínima preparación.
Y ahi es entonces cuando cual Minotauro moderno, en el centro de su laberinto, se encuentra con que el poder del que dispone, está acotado al centro de ese laberinto. Y carece del elemento necesario para salir de el, que sería el hilo de Ariadna, pero, el hilo lo tenía Teseo....
Y así, encerrado en su laberinto, ruge de impotencia, acompañado de sus corifeos que ven resquebrajarse los privilegios que creen haber construído, pero que otros construyeron, y les cuesta comprender que existe otro mundo que desconocieron por años, mundo que les enseñaron a despreciar con el común denominador de "Recursos Humanos". Sin entender que ellos tambien son los Recursos Humanos de los que se valen los grandes poderes.
Esos grandes poderes que en algun momento se valieron de las FFAA, y las dejaron de lado cuando ya no les sirvieron, y que tambien a ellos los dejarán de lado cuando ya no los necesiten.
Antonio, (el Mayolero)
Durante los nueve meses transcurridos de este año el endeudamiento externo aumentó a niveles considerables. El país tomó deuda por un monto aproximado a los U$S 64.000 millones, lo cual no sería preocupante si su destino no fuera el que en la realidad se observa. Está claro que el endeudamiento por sí solo y aislado sin tener en cuenta el destino, no pude ser considerado perjudicial, sino todo lo contrario. Tal es el caso de una familia que se endeuda para comprar una casa; en ese caso el destino del endeudamiento es más que productivo si tenemos en cuenta que es en pos de estar mejor en un futuro y, suponiendo que antes alquilaban, el dinero destinado mensualmente a pagar la renta podrá ser destinado a fines más productivos. O acaso una fábrica, en donde sus dueños toman un crédito para comprar una máquina que les permita aumentar la producción.
Al tomar como ejemplo el endeudamiento de una familia o una fábrica observamos que el Estado se administra de una forma muy distinta. El equipo económico actual, cuyas decisiones moldean en gran parte los destinos económicos de la mayoría de nosotros, está actuando de manera irresponsable en el manejo de la deuda externa, ya que en vez de destinarla al financiamiento de obras de infraestructura y bienes de capital —que son los que permiten capitalizarse en el futuro y generar ingresos de dólares provenientes de sectores productivos—, la utilizan para pagar esa misma deuda: está destinando gran parte de esos fondos para subsidiar gastos corrientes —como si una familia tomara un crédito para hacer las compras en el supermercado o el dueño de la fábrica para pagar el sueldo de sus empleados— y para abastecer la demanda de dólares por parte de individuos y empresas. En el primero de los casos esos recursos quedan fuera del sistema productivo porque, como sabemos todos, el argentino medio tiene una predilección irracional por la moneda estadounidense y, una vez que la obtienen, la atesoran, es decir, no la vuelcan por medio de los canales formales al aparato productivo. Y en el caso de las empresas, giran ese dinero al exterior en forma de utilidades. Resulta evidente que cualquiera de esos dos destinos no contribuyen a generar las condiciones para depender cada vez menos de la toma de préstamos, por lo que se termina generando una dependencia peligrosa del endeudamiento, pues son necesarias cantidades mayores de deuda para pagar los intereses y capitales adeudados más los dólares que de por sí requiere la economía.
En el camino, una pequeña parte de la población parece satisfecha porque puede acceder libremente a comprar los dólares que tanto anhela y, aún más, sin restricciones mensuales ni garantías que demostrar. Sin embargo, la gran masa de dólares es adquirida por una minúscula parte de la sociedad, y cuando pocas personas tienen mucho poder de mercado, —esto significa que en un período de tiempo podrían demandar muchísima cantidad de dólares— la vulnerabilidad del sistema económico es altísima y la suerte de la gran mayoría queda librada al humor del mercado. Pero el mercado no existe, no se lo ve, el mercado son unos pocos privilegiados que no solo cuentan con grandes cantidades de dinero, sino que también —y casi lo más importante— poseen información muy útil a la que pocos tienen acceso. Y cuando esto ocurre es claro que el endeudamiento externo en vez de ser una fuente de crecimiento para la economía termina siendo su peor enemigo.
*Leandro Pili es estudiante de Ciencias Económicas en la Universidad Nacional de Mar del Plata y columnista del programa radial Voces Cooperativas.










