domingo, 17 de enero de 2016

"Deja Vu"

Leandro Pili
Acá les presento un amigo: Leandro Pili, Licenciado en Economía, (UNMdP) se desempeña en la actividad privada (Industria Textil) y hace periodismo de su especialidad en el programa "Voces Cooperativas" que se emite por Radio Brisas,de Mar del Plata todos los sábados (Ver acá). Hace con esto una de sus primeras incursiones en el periodismo escrito.
Antonio (el Mayolero)

La Argentina en su afán por alcanzar un mayor grado de desarrollo económico impulsó fuertemente su industria durante el período 2003-2015. Para ello fue necesario recomponer  el mercado interno (demandante de las manufacturas nacionales) que había quedado menguado a su mínima expresión, producto de 25 años de políticas económicas sustentadas bajo el consenso de Washington, que desarmaron el entramado industrial generador de empleo. Es verdad también que, para que este entramado industrial siga creciendo y generando empleo se necesitan cada vez mayores cantidades de dólares – divisas que el país no puede imprimir – que permitan importar los insumos y bienes de capital que la industria necesita. A grandes rasgos y si se me concede una cuota de simplicidad, esta fue a groso modo la causa fundamental del magro desenvolvimiento de la economía argentina en el último lustro.

Con el resultado de las últimas elecciones no solo cambió el presidente de la República, sino que también se produjo un cambio sustancial en la forma de entender a la política y por extensión a la economía también. Como parte integrante de este cambio de rumbo sustancial, se encuentra el foco de atención sobre el que los hacedores de política económica ponen todo su énfasis. Se puede aceptar que desde el año 2003 los esfuerzos estaban concentrados en fortalecer la demanda, entendiendo que ésta es el motor de la economía, por lo tanto las medidas económicas estaban dirigidas a robustecerla. Por el contrario, el nuevo equipo a cargo del ministerio de economía, está compuesto por un grupo de personas que son defensores a ultranza de las políticas neoliberales, que entre otras cuestiones sostienen que la importancia radica en la oferta, y por ende las políticas tienen que estar enfocadas en lograr aumentar esa oferta.

Como mencionábamos al inicio esa oferta necesita de dólares que la Argentina no emite, con esta excusa el nuevo gobierno apuesta a lograr que esos dólares ingresen por la vía del endeudamiento externo y no por la vía legitima que sería el aumento de las exportaciones, aumentos que para que ocurran en la medida que se necesita, es necesario lograr un aumento en la productividad y no devaluar la moneda como se cree.
Todo esto no sería tan preocupante si esos préstamos que se toman desde el exterior estuviesen dirigidos a lograr aumentos de productividad que modifiquen las exportaciones. Pero a la vista de la última operación de deuda llevada a cabo por el equipo económico, se entiende que ese no es el destino del endeudamiento externo sino que está pensado y ejecutado para engrosar las comisiones y servicios financieros que los intermediarios de esos préstamos reciben, y regresar a la especulación financiera típica de los años 90. Esto se podrá percibir si nos adentramos un poco más en los detalles de la última operación financiera, una especie de “MEGACANJE”. 
  
El BCRA tenía entre sus activos Letras Intransferibles que el Tesoro Nacional le había entregado en el año 2006 a cambio de U$S para cancelar deudas con el FMI. Las características de ese instrumento se destacaban por devengar intereses casi nulos (inferior al 1%) y por ser deuda entre sectores públicos que no se pueden negociar en el mercado financiero, y que se pueden refinanciar. Este tipo de deuda no es tenida en cuenta a la hora de medir el endeudamiento de los países justamente por esta cualidad, no es exigible y se puede refinanciar fácilmente. Con esta operación financiera el Tesoro Nacional le cambia al BCRA U$S 16.000 millones de estas Letras por U$S 13.000 millones en bonos que  devengan intereses cercanos al 8%, y son intercambiables en los mercados financieros. Con lo cual si bien existe una quita de capital, el resultado neto termina siendo perjudicial para el erario público, ya que este aumento en las cargas de los intereses le representa al Estado el pago de U$S 9.100 millones en concepto de servicios de la deuda en un período que va de 6 a 11 años que es lo que dura la operación.  

A su vez, -esto es el objetivo principal de la operación-, estos bonos serán entregados como garantía a bancos extranjeros por préstamos que rondan los U$S 8.000 millones. Préstamos que como ya se sabe, para su concreción es necesario no solo entregar estos papeles como garantía sino modificaciones fiscales que permitan al deudor cumplir con sus obligaciones, lease ajustes fiscales.

Resumiendo un poco, se cambio deuda interna, no exigible, no agobiante para las finanzas públicas, con un costo casi nulo, por endeudamiento externo, exigible y oneroso para el Estado, con condiciones asfixiantes para el grueso de la población y que llegado el momento de cancelar esas deudas pueden complicarse los pagos, porque no se modifican las condiciones que permiten generar dólares genuinos, por lo que no sería extraño que se recurriera nuevamente al endeudamiento para pagar este endeudamiento.
 ¿Deja Vu?

Leandro Pili

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