Algunas consideraciones finales (las mías; por las suyas usted verá):
La
situación actual de SanCor no reconoce una sola causa determinante, sino que a
mi entender es la concurrencia de una serie de factores, que tomados
aisladamente ninguno de ellos sería inmanejable, pero que al actuar en un mismo
momento producen un efecto como el que estamos analizando.
El
crecimiento de las Cooperativas en el volumen de su operatoria hace
indispensable la formación de cuadros dirigentes con una formación doctrinaria
y técnica que les permita tener el control de sus líneas de funcionarios. Esta
formación debe llegar a los socios de las cooperativas, de donde salen los
cuadros dirigentes.
El
cooperativismo agrario debe definir el modelo de país que quieren sus
componentes, y compatibilizarlo con el resto de la ciudadanía. Debe comprender
que no se constituye como un hecho aislado del resto de la sociedad, y que el
crecimiento debe ser armónico en todos los sectores. Comprender que un balance
favorable no siempre es indicativo de un crecimiento armónico. Como solía decir
un gran cooperativista tresarroyense, el Cr. Aldo Collazos, “engordar hasta la
obesidad también puede ser interpretado como crecimiento, pero no es bueno para
la salud”
Hay hechos
de la realidad que no pueden ser ignorados; el liberalismo (o en su nueva
versión el neo-liberalismo) da preeminencia a lo financiero, por sobre lo
productivo, y hay que manejarse dentro de esa realidad de la mejor manera
posible, pero eso no implica aceptarlo resignadamente como si fuera una
inundación o una sequía. Estos son hechos climáticos, y la timba financiera es
un hecho político. ConInAgro como entidad representativa ha perdido el rumbo, y
jamás ha hecho clara su posición en este sentido, y hay sobradas muestras de
los efectos que ha tenido entre los asociados de las cooperativas, y las mismas
cooperativas.
Una
hipócrita aplicación del principio Cooperativista de la “neutralidad política”
suele ser esgrimida como pretexto a silencios sugestivos, que no fueron tales
cuando se utilizó a la Institución para cimentar carreras políticas como en el
2008.
La
conducción de una Cooperativa de Segundo Grado no puede (ni debe) ser tomada
con el espíritu “amateur” de una Cooperativa local, donde todo queda cerca, y
donde Consejeros y socios están interactuando a diario. Eso requiere dedicación
y tiempo (de atención y traslados, a veces a distancias considerables). Si
queremos (y estamos convencidos) jugar en primera, debemos preparar a los
mejores jugadores, desde muy jovencitos. Veo que no es mucho lo que se hace en
ese sentido, y que lo que se hace se delega en profesionales de finanzas y
“marketing”, pero muy poco se hace en lo doctrinario, que a mi entender debe
ser el eje rector de la formación de nuevos cuadros dirigentes.
Mucho costó
reformar los estatutos de la ACA, para que solamente accedieran a su Consejo de
Administración productores y no funcionarios (gerentes) de Cooperativas, pero finalmente
se pudo conseguir. Puedo recordar aquellas épocas, ya que como integrante
primero, y luego colaborador del Consejo Central de Juventudes de ACA, fui
parte de aquella lucha. Otra cosa que debe asimilar el Cooperativismo (agrario
y de cualquier otra rama) es que se deben limitar los mandatos, al efecto de
evitar la eternización de sus dirigentes.
Es sabido
que es una falacia la no intervención del Estado. El estado SIEMPRE está
interviniendo (por ejemplo, se le perdonan deudas por 19.000.000 millones de
pesos a las distribuidoras de electricidad, y se le cortan los créditos a
SanCor por parte del Banco Nación). El nudo de la cuestión es en qué sentido lo
hace, y esa es una discusión política que el cooperativismo debe afrontar. Y
cuando digo política, estoy diciendo POLITICA, no partidaria sino en la
política de definir qué modelo de país queremos los Cooperativistas.
Antonio (el
Mayolero)


