El presidente del grupo agroindustrial Los Grobo, Gustavo Grobocopatel, escribe en exclusiva para 3D.
Plantea la necesidad de un estado fuerte que garantice la libertad de los ciudadanos y dé cuenta de sus actos. Y redefine el rol empresario con una mirada de futuro: Deberíamos ser parte activa del liderazgo público, plantea.
Por Gustavo Grobocopatel Productor agropecuario y presidente del Grupo Los Grobo
empresarios Grobocopatel Los Grobo campo
Acabo de votar en las PASO con satisfacción, mis hijos lo hicieron por primera vez y hay alegría y excitación en la familia. Sin duda, el sostenimiento del sistema democrático es uno de los principales activos ganados por la sociedad argentina en los últimos años. Si bien no es algo diferente a lo que ha sucedido en otros países de Latinoamérica, en Argentina constituye un logro especial debido a que en estos años pasamos varias crisis, intensas y dolorosas, que pusieron a prueba el sistema. La democracia permitió y facilitó una intensa participación de la sociedad en la política, discutiendo con libertad sobre el devenir de los procesos de cambios y transformaciones que acontecieron y acontecen. La política está presente en todos los rincones de la vida cotidiana argentina, debates positivos y necesarios en una sociedad como la nuestra siempre que no nos paralicen y podamos hacer.
Sin embargo, algunos piensan que la democracia está en deuda con la sociedad, quizá por las expectativas que generó o porque en el fondo es una permanente construcción, siempre imperfecta. En estos años, lo primero que aprendí es que la democracia no tiene una única versión y cada región, cada pueblo, debe definir las características y modalidades que le sean propias, respondiendo a su sistema de creencias, valores y cultura. No es lo mismo lo que entiende sobre democracia un francés, un sueco, un chino o un etíope. Se que son ejemplos extremos pero hace poco escuché a un funcionario chino hablar de "democracia a la China".
Aceptado para nuestro país un paradigma occidental de democracia y definida ésta como un conjunto de reglas básicas consagradas a garantizar la participación libre de los ciudadanos en los asuntos públicos, se requieren profundos cambios si deseamos lograr el progreso inclusivo y la felicidad de la población.
La democracia debería responder a la visión y la cultura de una nación en el marco de la globalización y debe garantizar la plena participación ciudadana con un control del poder vigoroso, creíble y confiable a través de las instituciones de la República. La construcción colectiva es fundamental para evitar los vaivenes de las políticas y los institutos de la democracia (por ejemplo, los partidos políticos o el Congreso) deberían facilitar ese proceso, pero ello solo no es suficiente.
El espacio de participación debe ampliarse y redistribuirse a través de las nuevas plataformas de comunicación que integran medios, redes sociales y nuevos espacios. De modo tal que la democracia representativa pierde su sentido inicial y evoluciona hacia un sistema de deliberación y toma de decisiones basado en liderazgos múltiples, efímeros, circunstanciales, integrados en red, flexibles, pero al mismo tiempo eficaces y eficientes. La modernidad exige por lo menos la convivencia de múltiples formas de representatividad.
La democracia debe facilitar la construcción de un Estado presente y de calidad. No puede haber progreso inclusivo y sustentable sin un estado a la altura de la circunstancias.
Los tiempos que corren requieren de un estado que aprenda y se transforme, que facilite, que acompañe, que garantice la libertad plena de los individuos, al mismo tiempo que los incluya en un proceso colectivo. Es difícil sostener una democracia vigorosa y estimulante sin un estado fuerte, responsable y que dé cuenta de sus actos. El contrato que debería unir al Estado y la sociedad es el pacto fiscal a través del cual todos nos comprometemos a cumplir y hacer cumplir derechos y obligaciones.
La democracia -sus espacios, sus institutos- debe permitir que la sociedad defina las reglas de juego del sistema económico y social, si es necesario también corregirlas y adaptarlas a los paradigmas globales. En estos tiempos estamos revisando la economía de mercado y el capitalismo, el rol de las instituciones, la calidad deseada del Estado, el funcionamiento del mercado, el rol de las empresas, el trabajo, etc.
Las empresas y los empresarios debemos hacernos cargo y ser parte del proceso colectivo de fortalecimiento de la democracia. La agenda empresarial debe incluir al desarrollo sustentable como parte central de su estrategia; debemos revisar el rol de la empresa y su relación con el Estado y la sociedad civil; los empresarios deberíamos ser parte activa del liderazgo público, y colaborar con la transparencia de la financiación de la política. En síntesis, nuestro trabajo ya no es solo generar competitividad sino también bienes públicos, con los valores empresariales como parte de la solución a los problemas de la sociedad.
El mercado, que finalmente es una construcción del Estado, debe constituirse en un instrumento que facilite el acceso a los factores de la producción y que genere simetría en la información entre los actores de la economía. El mercado, en ese sentido, debería estar a favor de los menos informados, de los menos incluidos, de los más pobres.
La democracia debería lograr integrarnos, entre nosotros y con el mundo. Este último tema es muy cercano a las expectativas de un pueblo como el argentino, que tiene su origen en las inmigraciones y lo cosmopolita. En medio de la globalización hay que desarrollar renovadas formas de gobierno, mas locales y autónomas, y al mismo tiempo globales e interdependientes.
Mientras tanto, el mundo se mueve con nuevas dinámicas, aparece una nueva forma de capitalismo que algunos -como la líder brasileña Marina Silva- gustan llamar "Sustentabilismo".
Alguna de sus características son: un estado presente y al servicio de las personas, que estimula a los emprendedores y los trabajadores del conocimiento, que promueve y asegura la inclusión y la equidad, que crea servicios y bienes públicos de calidad; una sociedad activa, participativa, más ciudadana y solidaria, mas responsable; organizaciones de la sociedad civil diversas que integran a las personas; empresas más porosas, que se abren a la sociedad, la influyen positivamente y se dejan influir por ella.
Luego de 30 años, estas tendencias que menciono -solo algunas de una agenda no excluyente- requieren de una democracia que se renueve y facilite los procesos, estimulando y ampliando el espectro con nuevas formas de participación, una democracia que no termina con la votación, sino que se renueva en cada una de ellas y entusiasma a una sociedad que debe comenzar a comprometerse con entusiasmo y esperanza.
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sábado, 28 de septiembre de 2013
miércoles, 2 de mayo de 2012
En La Nación de hoy....
Está esta nota que firma Gustavo Grobocopatel, a quien en varias oportunidades me he referido en distintos posteos. Creo que es interesante leerlo con atención y sin prejuicios. También es bueno leer los comentarios que ha merecido por parte de los foristas de LN Online, donde casi todos lo condenan por izquierda y derecha. Casi que estoy pensando que este hombre tiene los mismos enemigos que muchos de nosotros....
Puede interpretarse por desarrollo sustentable (DS) una forma de progreso inclusiva de la sociedad. "Progreso para Todos" fue el lema de la reciente Cumbre de las Américas. Es decir, asumo que el DS incluye la mejora en la calidad de vida, mejores indicadores de felicidad, mayor capacidad de satisfacer necesidades, mejores niveles de educación y salud, y más oportunidades para los que las deseen, aspecto que requiere mayor capacidad para entender el mundo, su dinámica, sus oportunidades y sus desafíos. Es sustentable porque estimo que el tiempo no degrada este proceso, lo mejora y lo proyecta con más amplitud. Podría asumir que el DS significa un bienestar creciente, más amplio y sin fronteras para la humanidad en su conjunto y para cada uno de sus integrantes. Por otra parte, entiendo que el DS puede significar cosas diferentes de acuerdo con las culturas, el estadio de una sociedad o el paradigma predominante en ella. En este contexto, creo que hemos desarrollado un concepto de bienestar, y por lo tanto de DS, con estándares derivados de la sociedad industrial, con un patrón de consumo y hábitos determinados, con la propiedad de bienes como centro de la satisfacción. Cada ser humano demanda una casa, una heladera, un auto que utiliza combustibles fósiles, prefiere comer proteínas o utilizar aceites en lugar de cereales u hortalizas. A este ritmo, si sigue incorporándose una parte importante de la población mundial a estos estándares de consumo, necesitaríamos muchos planetas para satisfacer estas demandas. No alcanzarían las tierras disponibles para producir más alimentos, ni los minerales, ni el petróleo, ni otras fuentes de energía. Sólo un ejemplo: un consumidor estadounidense consume dos veces más energía que un europeo medio y cuatro veces más que un latinoamericano medio. El debate del DS debe incluir una profunda reflexión sobre estos puntos, ya que no hay modo de que se puedan resolver los problemas que ocasionaría este aumento en el consumo de bienes. Puede interpretarse por desarrollo sustentable (DS) una forma de progreso inclusiva de la sociedad Sin embargo, el tránsito de la sociedad industrial a una sociedad del conocimiento trae buenas noticias en varios de estos aspectos. En principio, estamos caminando rumbo a una sociedad donde la tendencia es que los bienes se compartan, donde la satisfacción pasa menos por utilizar objetos materiales y más por las experiencias, por el consumo de servicios antes que de productos. Es decir, una sociedad que se moviliza más por el control de flujos que por la propiedad de stocks. Tener una PC e Internet ya aparecen como una necesidad más importante que la de tener un auto en ciertas geografías y segmentos de la sociedad. De profundizarse esta tendencia, observable en las sociedades más avanzadas, probablemente, estaremos frente a un cambio en los hábitos de consumo. En los temas vinculados con los agronegocios, seremos testigos de un cambio fascinante, ya que cada vez más las plantas se utilizan como biorreactores, y no sólo producen alimentos (proteínas, hidratos de carbono o fibras), sino variadas formas de energía, enzimas industriales, plásticos o medicinas. En consecuencia, estamos frente a pequeñas "plantas industriales" o una "industria verde" que utiliza energías limpias y renovables, como la solar, donde las hojas son una especie de eficientes "paneles". Estas "fábricas" tienen diseños originales que vienen en un chip, que es la semilla, y que determina las características de ellas; en lugar de tener chimeneas y emitir gases, consumen el dióxido de carbono de la atmósfera. Estamos caminando rumbo a una sociedad donde la tendencia es que los bienes se compartan Creo que estamos cada día más cerca de tener una nueva generación de industrias que reemplacen paulatinamente a las heredadas de la Revolución Industrial; será, de alguna manera, la "industrialización de lo rural", con nuevos productos más abundantes, más baratos, de mayor calidad y con mucho menos impacto sobre el medio ambiente. En este nuevo paradigma, los desafíos del DS ya no pasan sólo por los impactos sobre el medio ambiente o lo social, entendidos éstos como los comprendidos en los "objetivos del milenio", sino por la gobernanza de estas transformaciones. ¿Cómo se tomarán las decisiones, en un mundo más integrado e interdependiente, para que este proceso sea inclusivo? ¿Quién o quiénes tendrán la capacidad y responsabilidad de facilitar estos procesos? Sin dudas, estas tendencias ponen en el centro de la escena al Estado y su capacidad de adaptarse a este nuevo paradigma. De su calidad e inteligencia dependerá que este proceso produzca bienestar amplio y sin fronteras. Diversos jefes de Estado de América en la reciente Cumbre colocaron claramente este tema en el centro del debate; se necesita gobernabilidad, basada en consensos, institucionalidad, previsibilidad y un marco seguro. Hablaron también del pragmatismo en las acciones de gobierno y de un Estado que se adapte a los cambios; dijeron que consideran un "buen gobierno" aquel que sea eficiente (personalmente, creo que hay diferentes formas de eficiencia), eficaz, transparente y que rinda cuentas a la sociedad. La responsabilidad de esta transformación en el Estado trasciende a los gobiernos o la clase política e incluye a la sociedad civil en su conjunto, y por supuesto a los empresarios, que serán los responsables de asumir riesgos, capacidad de inversión y creatividad frente a los desafíos de este nuevo período. El proceso debe generar bienes públicos y construir capital social. Los casos de asociaciones público-privadas pueden ser una buena plataforma para llevar adelante estas acciones. Mientras tanto, la agenda social nos golpea la puerta todos los días: la pobreza estructural, la informalidad económica con consecuencias sobre el sistema jubilatorio, la desigualdad y violencia sumadas al delito organizado, la diferencia de ingresos entre pobres y ricos, los jóvenes que no estudian ni trabajan, el problema del acceso a la vivienda, la necesidad de una educación de calidad, cómo crear empleo y sobre todo empleabilidad. La agenda ambiental necesita acciones conjuntas globales y locales que encuentren soluciones al cambio climático, la deforestación, el problema del acceso al agua y el manejo del mar. El tratamiento de estos puntos debe acelerarse y profundizarse. Hay soluciones disponibles, y por eso el desarrollo sustentable debería trascender la discusión ética y debería colocarse dentro de la agenda de poder. La agenda del desarrollo sustentable debe incluir, entre otras cosas, a los problemas urgentes de la agenda social y ambiental, la revisión de los hábitos de consumo, la calidad del Estado, el desarrollo de nuevas formas de gobierno global y la transformación del paradigma productivo con la aparición de "las industrias verdes". © La Nacion.
Puede interpretarse por desarrollo sustentable (DS) una forma de progreso inclusiva de la sociedad. "Progreso para Todos" fue el lema de la reciente Cumbre de las Américas. Es decir, asumo que el DS incluye la mejora en la calidad de vida, mejores indicadores de felicidad, mayor capacidad de satisfacer necesidades, mejores niveles de educación y salud, y más oportunidades para los que las deseen, aspecto que requiere mayor capacidad para entender el mundo, su dinámica, sus oportunidades y sus desafíos. Es sustentable porque estimo que el tiempo no degrada este proceso, lo mejora y lo proyecta con más amplitud. Podría asumir que el DS significa un bienestar creciente, más amplio y sin fronteras para la humanidad en su conjunto y para cada uno de sus integrantes. Por otra parte, entiendo que el DS puede significar cosas diferentes de acuerdo con las culturas, el estadio de una sociedad o el paradigma predominante en ella. En este contexto, creo que hemos desarrollado un concepto de bienestar, y por lo tanto de DS, con estándares derivados de la sociedad industrial, con un patrón de consumo y hábitos determinados, con la propiedad de bienes como centro de la satisfacción. Cada ser humano demanda una casa, una heladera, un auto que utiliza combustibles fósiles, prefiere comer proteínas o utilizar aceites en lugar de cereales u hortalizas. A este ritmo, si sigue incorporándose una parte importante de la población mundial a estos estándares de consumo, necesitaríamos muchos planetas para satisfacer estas demandas. No alcanzarían las tierras disponibles para producir más alimentos, ni los minerales, ni el petróleo, ni otras fuentes de energía. Sólo un ejemplo: un consumidor estadounidense consume dos veces más energía que un europeo medio y cuatro veces más que un latinoamericano medio. El debate del DS debe incluir una profunda reflexión sobre estos puntos, ya que no hay modo de que se puedan resolver los problemas que ocasionaría este aumento en el consumo de bienes. Puede interpretarse por desarrollo sustentable (DS) una forma de progreso inclusiva de la sociedad Sin embargo, el tránsito de la sociedad industrial a una sociedad del conocimiento trae buenas noticias en varios de estos aspectos. En principio, estamos caminando rumbo a una sociedad donde la tendencia es que los bienes se compartan, donde la satisfacción pasa menos por utilizar objetos materiales y más por las experiencias, por el consumo de servicios antes que de productos. Es decir, una sociedad que se moviliza más por el control de flujos que por la propiedad de stocks. Tener una PC e Internet ya aparecen como una necesidad más importante que la de tener un auto en ciertas geografías y segmentos de la sociedad. De profundizarse esta tendencia, observable en las sociedades más avanzadas, probablemente, estaremos frente a un cambio en los hábitos de consumo. En los temas vinculados con los agronegocios, seremos testigos de un cambio fascinante, ya que cada vez más las plantas se utilizan como biorreactores, y no sólo producen alimentos (proteínas, hidratos de carbono o fibras), sino variadas formas de energía, enzimas industriales, plásticos o medicinas. En consecuencia, estamos frente a pequeñas "plantas industriales" o una "industria verde" que utiliza energías limpias y renovables, como la solar, donde las hojas son una especie de eficientes "paneles". Estas "fábricas" tienen diseños originales que vienen en un chip, que es la semilla, y que determina las características de ellas; en lugar de tener chimeneas y emitir gases, consumen el dióxido de carbono de la atmósfera. Estamos caminando rumbo a una sociedad donde la tendencia es que los bienes se compartan Creo que estamos cada día más cerca de tener una nueva generación de industrias que reemplacen paulatinamente a las heredadas de la Revolución Industrial; será, de alguna manera, la "industrialización de lo rural", con nuevos productos más abundantes, más baratos, de mayor calidad y con mucho menos impacto sobre el medio ambiente. En este nuevo paradigma, los desafíos del DS ya no pasan sólo por los impactos sobre el medio ambiente o lo social, entendidos éstos como los comprendidos en los "objetivos del milenio", sino por la gobernanza de estas transformaciones. ¿Cómo se tomarán las decisiones, en un mundo más integrado e interdependiente, para que este proceso sea inclusivo? ¿Quién o quiénes tendrán la capacidad y responsabilidad de facilitar estos procesos? Sin dudas, estas tendencias ponen en el centro de la escena al Estado y su capacidad de adaptarse a este nuevo paradigma. De su calidad e inteligencia dependerá que este proceso produzca bienestar amplio y sin fronteras. Diversos jefes de Estado de América en la reciente Cumbre colocaron claramente este tema en el centro del debate; se necesita gobernabilidad, basada en consensos, institucionalidad, previsibilidad y un marco seguro. Hablaron también del pragmatismo en las acciones de gobierno y de un Estado que se adapte a los cambios; dijeron que consideran un "buen gobierno" aquel que sea eficiente (personalmente, creo que hay diferentes formas de eficiencia), eficaz, transparente y que rinda cuentas a la sociedad. La responsabilidad de esta transformación en el Estado trasciende a los gobiernos o la clase política e incluye a la sociedad civil en su conjunto, y por supuesto a los empresarios, que serán los responsables de asumir riesgos, capacidad de inversión y creatividad frente a los desafíos de este nuevo período. El proceso debe generar bienes públicos y construir capital social. Los casos de asociaciones público-privadas pueden ser una buena plataforma para llevar adelante estas acciones. Mientras tanto, la agenda social nos golpea la puerta todos los días: la pobreza estructural, la informalidad económica con consecuencias sobre el sistema jubilatorio, la desigualdad y violencia sumadas al delito organizado, la diferencia de ingresos entre pobres y ricos, los jóvenes que no estudian ni trabajan, el problema del acceso a la vivienda, la necesidad de una educación de calidad, cómo crear empleo y sobre todo empleabilidad. La agenda ambiental necesita acciones conjuntas globales y locales que encuentren soluciones al cambio climático, la deforestación, el problema del acceso al agua y el manejo del mar. El tratamiento de estos puntos debe acelerarse y profundizarse. Hay soluciones disponibles, y por eso el desarrollo sustentable debería trascender la discusión ética y debería colocarse dentro de la agenda de poder. La agenda del desarrollo sustentable debe incluir, entre otras cosas, a los problemas urgentes de la agenda social y ambiental, la revisión de los hábitos de consumo, la calidad del Estado, el desarrollo de nuevas formas de gobierno global y la transformación del paradigma productivo con la aparición de "las industrias verdes". © La Nacion.
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