sábado, 9 de agosto de 2014

El aire limpio y las telarañas de los rincones y los pozos ciegos.

Hace ya muchos años, demasiados para mi gusto, pero las cosas se dan así... Yo tendría quince o dieciseis años y seguramente por haberse agotado su capacidad, en la chacra en que vivimos tantos años, mi viejo decidió que había que hacer un nuevo pozo ciego. Cavado el nuevo, restaba la tarea de clausurar y tapar el anterior. Para lo cual, la tierra del nuevo había sido acopiada al lado del anterior. Me dispuse a la tarea, pero mi padre "mandó parar". Fue al pueblo y al rato volvió con un par de bolsas de cal viva. Las volcó íntegramente en el pozo a tapar y me dijo: "Los resumideros no se pueden tapar con tierra así nomás, hay que ponerles cal viva, porque si no, pasan los años y un día alguien pisa ahí y la mierda le salta a la cara".

Esta semana alguien pisó el viejo resumidero que en los pagos Olavarrienses creyeron haber tapado, y la mierda saltó a la cara de una sociedad (o una buena parte de ella) que por años había echado al olvido complicidades, hipocresías y falsedades.

Gente de pro (como se decía antes), "decente y principal" al decir de Jauretche había cerrado las ventanas y las puertas de una de las habitaciones. Amparados en su posición dominante y abusando de los lazos de lealtad que suelen tejerse entre Estancieros y sus puesteros, con esas características diferenciales a la relación empleador-empleado de las ciudades, que los que hemos transcurrido la mayor parte de nuestra vida en el campo sabemos detectar, como quien le regala un cachorrito, le "regalaron" un hijo a su puestero.

Sus conciencias quedaron en paz; gente de misa y comunión diaria, que no solamente dominical, hicieron un acto encomiable a la luz de sus convicciones religiosas y sociales. Una "obra de bien". Y de paso un servicio patriótico al alejar a ese bebé de la nefasta influencia que pudieran tener sus familias legítimas, nido de subversivos.

Que la madre de ese bebé fuera mantenida en cautiverio durante siete meses hasta la culminación de su embarazo, y luego sacrificada tal como una vaca luego de una cesárea, era para ellos algo natural. Se había salvado el ternero.

Pero en su religiosidad ficticia se olvidaron de medio o tres cuartos del Nuevo Testamento, y el amor, el tesón y la perseverancia, unidos a la voluntad política de gente que "no dejó sus convicciones en la puerta de la Casa de Gobierno" fueron horadando de a poco la piedra de la hipocresía. Y por mas que el granito de Cerro Águila allí detras de Colonia San Miguel sea muy duro, un día se partió. Y así se abrió la puerta tantos años cerrada, y además también la ventana.

Ahora como quien abre esa habitación 36 años cerrada, aparece el polvo acumulado, y las telarañas en los rincones. Y esa sociedad debe enfrentarse a la realidad de su hipocresía, de su complicidad, de los fantasmas de su pasado, del contenido de aquel viejo pozo ciego, que imprevistamente (para ellos) les enchastró la cara.

Ignacio "Pacho" Hurban o Guido Montoya Carlotto, ahora tiene su familia completa. Quienes lo criaron con todo amor, y le dieron la base y el apoyo para convertirse en un destacado profesional de la música, no hicieron ni mas ni menos que lo que Valmir Montoya y Laura Carlotto hubieran hecho por él. Sus verdaderas abuelas, sus tíos y tías de las familias Montoya y Carlotto. Todo un encadenamiento de hechos felices que Ignacio o Guido (él decidirá) deberá ir procesando en su alma, pero que conduce a presagiar un final felíz.¡Que no cualquiera tiene tres familias!

Él ya nada tiene que ver con la tarea que una parte de la sociedad Olavarriense deberá emprender. Ya abrió la puerta y la ventana, el aire viciado del encierro, la mugre y las telarañas no son su problema.

Antonio (el Mayolero)




6 comentarios:

Nando Bonatto dijo...

mucha mierda enterrada a cada paso

Antonio (el Mayolero) dijo...

Actualización de estado
De Carlos Rodriguez
El linaje distinguido de los Aguilar no murió con el jefe de hogar. Susana Clara Mozotegui, su viuda, es de familia patricia y vocal de la “Asociación Damas Vicentinas de Olavarría”, que apadrina un asilo de ancianos. Son, en su mayoría, esposas de hacendados, martilleros, profesionales y comerciantes. Varios apellidos de casada de la comisión directiva coinciden con lo de la carta de “Amigos de Verdura”.

Jerónimo Aguilar, el hijo mayor, es técnico en Producción Agropecuaria y se casó con Guillermina Teresa Dirazar, hija de quien presidió 25 años el Automóvil Moto Club Olavarría. Francisco, cuatro años menor, se casó con María del Pilar Andreu, una mujer de la clase alta olavarriense. La ceremonia fue en familia: el cura lleva su mismo apellido. Mercedes, su hija mujer, murió hace muchos años.

El campo donde se crió Guido está enclavado en las afueras de Colonia San Miguel, uno de los pueblos de alemanes del Volga que circundan Olavarría. Por las canteras repetidas, hay tramos que parecen una geografía lunar: montañas de piedra gris y un polvo permanente que cubre las casas y chamusca los campos. A pocos kilómetros está la empresa cementera de Loma Negra, que legó a sus entenados Amalita Fortabat.

Cerca de ahí, en Sierras Bayas, está Monte Pelloni: guarecido del polvo de las canteras, arbolado y húmedo, aún resiste en pie la edificación que fue una cárcel clandestina entre septiembre y noviembre de 1977. El juicio oral comenzará el 22 de septiembre tiene a Verdura y a otros cuatro imputados. Entre ellos Omar “pájaro” Ferreyra, el violador de Araceli Gutiérrez y un torturador sádico.



La genealogía familiar de Susana Clara Mozotegui, la viuda de Aguilar, tiene un camino hasta los círculos más íntimos del jefe policial Ramón Camps. Mozotegui tenía parientes de apellido Presa que es, a su vez, el apellido materno de las distinguidas hermanas Fassina. Raquél, Perla y Clara Fassina pertenecen a la alta sociedad que ve con muy buenos ojos el matrimonio con un militar. Dos de ellas lo cumplieron: Clara Fassina estuvo casada con un militar de apellido Avalos. Raquel, se casó con el Teniente Coronel de Caballería Filiberto Salcerini, que terminó siendo asesor de Camps.
Cuando la Comisión Especial por la Memoria recibió en Olavarría el testimonio de un testigo protegido que había sido policía en una comisaría de la ciudad. M.A.F. dijo que “en los años mencionados comprobó secuestros y detenciones clandestinas de personas jóvenes” que eran cometidos por “policías locales de alta graduación, militares de la Guarnición local y hombres de la Jefatura de Policía, que generalmente eran comandados por el Teniente Coronel Filiberto Salcerini que era a su vez, asesor del General Ramón Camps”.

Salcerini murió en julio de 2008. En los tiempos en que eran familia política, compartían la pasión por montar. Cuando Aguilar murió, hace tres meses, las hermanas Fassina enviaron sus condolencias a través de los obituarios del diario a la familia del “primo Aguilar”.

Mozotegui es actualmente vocal de la “Asociación Damas Vicentinas de Olavarría”, que apadrina un asilo de ancianos. Son, en su mayoría, esposas de hacendados, martilleros, profesionales y comerciantes. Varios apellidos de casada de la comisión directiva coinciden con lo de la carta en la que se declaraban “amigos de Verdura”, el mismo que hoy está a punto de ser juzgado.

Colaboraron: Pablo Waisberg, Juan Carrá y Victoria Ennis

Antonio (el Mayolero) dijo...

http://www.infojusnoticias.gov.ar/nacionales/dandys-militares-y-jinetes-tras-las-huellas-de-los-entregadores-de-guido-carlotto-5164.html

profquesada dijo...

Muy Bueno Antonio, me emocionaste, cuando estas cosas se miran de la manera en que lo hacés iluminan.
Gracias.

Gustavo Marcelo Sala dijo...

Excelente post Antonio, y muy buenos los anexos informativos.

Antonio (el Mayolero) dijo...

http://sur.infonews.com/notas/la-urdimbre-civico-militar-y-el-huevo-de-la-serpiente

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