miércoles, 10 de febrero de 2016

RELACIONES PELIGROSAS


Una característica principal de toda la derecha latinoamericana como así también de los representantes del capital financiero en estas latitudes es la descalificación a los gobiernos y a las instituciones que no comulgan con sus intereses.

 Más aún, este ataque tiene como arma predilecta las denuncias de supuesta corrupción. Pero no de cualquier corrupción, siempre se machaca con la corrupción en los ámbitos públicos, en los integrantes de esos gobiernos “populistas”, rara vez es mencionado en los medios masivos de comunicación afines a estos capitales la difusión de algún ilícito en el ámbito privado, por no mencionar que sería una utopía esperar que le dediquen el tiempo que pasan en pantallas otras denuncias. Cabe mencionar que siempre existe un actor privado en un acto de corrupción, sea el ámbito que sea.

Tomando por caso a nuestro país, se podrían enumerar vastos ejemplos de corrupción ligados a los grandes capitales financieros, delitos que por cierto son tan o más graves que el simple robo a una panadería, y que pareciera no catalogar dentro del reclamo por seguridad.

Entre las instituciones encargadas de controlar los delitos financieros se encuentra el BCRA, el cual tiene entre sus principales funciones actuar de contralor de las operatorias financieras y todo el marco en el que se desenvuelven, es decir, controlar que estas actividades sean llevadas a cabo bajo la normativa vigente y que sean entidades autorizadas por el BCRA. Esta atribución de la entidad era muy común verla en funcionamiento principalmente resguardando la brecha cambiaria en los momentos que regían las restricciones para la compra y venta de moneda extranjera. Pero paralelamente a estas actividades que podrían denominarse rutinarias, también se controlan aspectos relacionados a las normativas cambiarias y toda la legislación vinculada al lavado de dinero, como por ejemplo las 4040 cuentas de argentinos no declaradas en el Banco HSBC Ginebra.

Las nuevas autoridades de esta institución no solo son afines a los intereses de la banca financiera internacional, sino que además son funcionales a la regular práctica de delitos financieros. Esto explicaría en parte las decisiones de desmantelar el área del Banco Central encargada de investigar delitos cambiarios y comportamientos irregulares de bancos e instituciones financieras. Despidos que obviamente son justificados con el infalible argumento de “son ñoquis”.

También explicaría en parte este accionar si nos detenemos a pensar que el presidente del BCRA, Federico Sturzenegger, está actualmente procesado por delito económico durante el megacanje realizado en el año 2001, el Ministro de Economía, Alfonso Prat Gay está siendo procesado también por corrupción por evasión de impuestos, al ser el apoderado de las cuentas de Amalia Fortabat en el Banco HSBC de Ginebra, cuentas no declaradas en nuestro país ante la Administración Federal de Ingresos Públicos. Podría seguirse la lista de  involucrados en situaciones similares, pero no es el objetivo del artículo.

Lo que si se pretende destacar, es la connivencia que existe entre los intereses del capital financiero, tanto nacional como internacional con los actuales responsables de controlarlos. Si se entiende esta relación funcional, se podrá comprender un poco más la nueva lógica que impera en las relaciones económicas de nuestro país, tanto a nivel nacional como internacional.

Está claro que la configuración geopolítica y geoeconómica en nuestro país ha cambiado. Nuestros socios comerciales no serán los mismos que los de estos últimos años, como no será la misma la posición que ocupará la Argentina en la División Internacional del Trabajo. La historia nos ha demostrado claramente que al Capitalismo Financiero, el gran dominador del Mundo luego de la crisis del petróleo, le conviene que volvamos a ser los proveedores de Materias Primas y recipiente de su enorme liquidez, claro que para efectuar negocios ultra jugosos para pocos.

 No confundamos, el mundo no es una caja de países iguales, la globalización financiera es un juego de suma cero, en donde los capitales financieros avasallan a los países periféricos en busca de sus recursos naturales, al igual que las empresas transnacionales, no son carmelitas descalzas, actúan y ejecutan en pos de sus intereses particulares, ya ni siquiera de su país de origen.


El modo de relacionarnos en esta nueva configuración del orden internacional no es neutral, las oportunidades y amenazas dependen de qué lugar ocupemos.


Lic. LeandroPili




















2 comentarios:

Gustavo Marcelo Sala dijo...

Licenciado Pili

A la descripción no le falta ni una coma. Los dos últimos párrafos son mayúsculos. Sobre todo para aquellos que todavía piensan que Argentina es el granero del mundo. Digo Argentina como Nación. En todo caso dicha propiedad, en manos privadas y sin regulación estatal, siempre estará en manos de minorías globales que no responden a ningún tipo de socialización de la riqueza y menos a bandera alguna. Abrazo

Ricwn dijo...

Suscribo totalmente

Rwm

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