miércoles, 15 de marzo de 2017

Dice Juan Aiub:

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Durante marzo escribo más, vaya a saber uno por qué.
La dictadura casi no se detuvo en las ciudades pequeñas, su tarea central estaba en las urbes, allí los hijos lúcidos de los pueblos fueron perseguidos, donde estudiaban, trabajaban, militaban y en algunos en casos donde habían formado familia.
En Coronel Dorrego, en el km 600 de la ruta 3, tierra de Olivares y otros pastos, de olor a mar pero sin mar, de escarcha y siesta, sólo ocurrió un único secuestro, el de María Dolores Salomón de Aiub. Mi abuela paterna fue amputada de su casa en mitad de la noche y liberada una semana después en La Plata. Ella aseguraba haber oído la tos mi padre, su hijo, durante el cautiverio, con la certeza irrefutable que sólo una madre puede tener sobre la tos de su hijo. Eso es lo único que se.
Pero que pasó en Dorrego aquella noche? Cuál fue el móvil? Quienes fueron los cómplices? Quienes saben algo y quienes se llevaron el secreto a la tumba? Y la iglesia? esa a la que María dedicó buena parte de su vida. El silencio implacable lo devoró todo, el silencio en aquel paisaje rural es lo mismo que el murmullo viscoso sobre las espaldas, allí tuve mi primer y única infancia, la que terminó precisamente años después con la partida definitiva de aquella mujer rota y bella y ojos de selva.
El secuestro de mi abuela jamás concluye, camino y sus cristales en mis pies penetran aún más. Muy seguido fantaseo con una aventura, renunciar a mi mundo y mudarme a Dorrego una larga temporada, meter la cabeza en la mierda, revolver y escribir la novela que lo explique todo, que quizá me redima, que encuentre a los cómplices y ocupe con ficción los orificios vacíos, el relato final que por fin me permita dormir.

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