domingo, 6 de mayo de 2012

Numero 2 en tu lista


Siempre está bueno confirmar que uno está loco con otro loco que piensa como uno, para no decir equivocado. Ayer me encuentro, 15min después de finalizado el partido contra el lobo, con Pedro en el almacén del barrio. Nos conocemos, como con otros tantos, de los festejos de las glorias pasadas, muy pasadas, cuando copábamos el mástil de la plaza con las banderas blancas y rojas. Ambos llegábamos a la misma conclusión: David Trezeguet la pelea sólo. Qué sería de nosotros si el resto del equipo jugaría para él, o más en equipo. Teníamos bronca. Reconociendo que el campeón del mundo no es sólo un goleador, sino que es en extremo solidario; que es uno de los que mejores asistencias da, cuando tendría que recibirlas, y que se corre toda la cancha. No tiene ningún compromiso. Campeón de torneo o copa que haya jugado, con 35 años se vino a River justo en el momento más complejo de la historia, que paradógicamente puede transformarse en uno de los más disfrutados. Y él sí que lo entiende, a pesar que buena parte de los pendejos y el chori gambeteen a lo barza de la mitad de la cancha para adelante pero a la hora de pegarle al arco lo hagan como Juan Ramón o Sofovich. Hay bronca con esa actitud mezquina de la figurita, de la estrellita  tribunera que juega para el momento. Por eso dan ganas de reivindicar a tipos como Trezeguet que sumido en la mayor de las humildades es de los pocos que hace lo que tiene que hacer. Los años de olvido de nuestro querido riverplei se caracterizaron por morfarse vivos a goleadores que venían no de vuelta, en un buen momento, consagradísmos, a continuar el legado de los más grandes goleadores de la historia. Silbando bajito, Trezeguet nos devuelve la esperanza.

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