martes, 31 de marzo de 2015

Serie: Surgimientos y resurgimientos del Movimiento Nacional y Popular ( VIII )

Era obvio: desde el triunfo de la Revolucion Cubana, y luego la derrota de Vietnam en los EEUU, la juventud comenzó a mirar con simpatía a los movimientos armados. Ambas derrotas parecieron mostrar que algunas cosas eran posibles. La fallida experiencia del Che Guevara en Bolivia, por otra parte hizo pensar que no era tan fácil traspolar experiencias de otros pueblos. Había una diferencia de fondo; nosotros atesorabamos la experiencia de un Movimiento Nacional y Popular, que había demostrado acabadamente que no solo por la via armada se hacían revoluciones.

Y eso trajo no pocas discusiones internas, sobre todo en el momento en que se recuperó el poder estatal el 25 de Mayo de 1973. La gente mas comprometida con la Resistencia Peronista depuso las armas, (Montoneros) considerando que el objetivo se había alcanzado. Sin embargo, la fracción mas radicalizada continuó la lucha armada y el ERP marchó a la selva tucumana.

La derecha peronista y la burocracia sindical estaban aterradas por aquel avance que parecía imparable de aquello que venía a "subvertir" su cómoda existencia de "gerentes" de otra empresa como dije en la parte III de esta serie.

Y se desató la furia y la violencia. No resulta extraño que las principales víctimas de aquellos diez años de 1973 a 1983 fueran menores de 35 años. Los poderes fácticos habían detectado a su enemigo principal, y mandaron proceder en consecuencia.

Pero, aquel horror fue retemplando los ánimos. Fueron las Madres de Plaza de Mayo que pacientemente, sobreponiendose al dolor de la incetridumbre de la suerte corrida por sus hijos, mantuvieron las brasitas...

El despropósito de la Guerra de Malvinas, aceleró el derrumbe de la Dictadura, y el Movimiento Nacional renació con mas fuerzas aún. Un Raúl Alfonsín contra viento y marea, levantó el estandarte Yrigoyenista, pese a que sus principales oponentes provenían de su propio partido, pero destapó las brasitas, y les fue arrimando astillas hasta reavivar el fuego. El viejo Caudillo había muerto, y sobraban herederos al abrirse el juicio sucesorio, por lo que entra las peleas de los presuntos herederos, y el raleo producido por la represión en los cuadros medios, no pudo reaccionar. "Participar" se puso de moda, y era "bien visto" afiliarse a algún partido Político.

Los poderes fácticos parecían en retirada, y les "sacaron la escalera" a los Golpes Militares. No obstante, consiguieron (por la fuerza) algunos logros con el levantamiento de Semana Santa. Al márgen de lo que podamos analizar sobre la actitud de Raúl Alfonsín, hay una imagen que para mi es determinante. El Presidente de la Nación, en el balcón de la Casa Rosada, flanqueado en esa grave circunstancia por Antonio Cafiero, principal dirigente de la fuerza de oposición a su gobierno, marcó la pauta de que la dirigencia política había aprendido de la experiencia vivida.

El Movimiento Nacional y Popular se había puesto en marcha, y los poderes fácticos se verían obligados a emplear otro tipo de tacticas si no querían perder el poder.

Seguiremos
(Antonio, el Mayolero)


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